Tiene ocho años y donó médula para salvar a su papá

Rodolfo Ferrero es padre de dos hijos, camionero en una empresa de materiales para la construcción en Puerto General San Martín, al sur de Santa Fe, y fue sometido a un tipo de trasplante denominado "haploidéntíco" que resulta bastante inusual, según explica la doctora Alcira Fynn, jefa de la Unidad de Trasplantes de Médula Osea del Hospital de Niños de La Plata. Si bien donar médula es muy sencillo -es una extracción de sangre del paciente sano para que regenere la médula del paciente enfermo- y casi todos podemos ser donantes, su hijo, a los 8 años, tuvo que internarse y recibir los pinchazos de dos vacunas diarias. Desde el primer momento los médicos supieron que el donante ideal era su hijo mayor. Pero él era muy chico y yo muy grandote. Generoso. Siempre dijo que era fuerte y que su sangre era sanita y me la iba a dar para salvarme.

"Un genio 'el enano'. Nunca tuvo miedo", aseguró el orgulloso padre en diálogo con Clarín.

Por el momento se encuentra con neutropenia: las defensas muy bajas, lo cual hace vulnerable a las infecciones. Algo que fue inducido: "Me hicieron una quimio antes del trasplante para que las células de Alejo 'prendan' y mi cuerpo no las rechace". "Te extraño, ya vamos a estar juntos", le dice el pequeño Alejo a su papá. Esto será en 10 días, pero esta vez, el niño tendrá un día menos de dos vacunas diarias. Para que se reponga, pueda dar lo mejor y que no le afecte.

Recién en Rosario, después de tratarlo por neumonía, descubrieron que tenía leucemia.

Según datos de marzo, el registro nacional cuenta con 193.449 donantes de células progenitoras hematopoyéticas (CPH), que se extraen de la médula ósea. Así fue como su hijo Alejo, de tan sólo ocho años, se convirtió en un gran héroe.

"Los dos tenían un 90% de compatibilidad conmigo".

  • Montenegro Chinchilla