Papa Francisco Usted ha hecho a Colombia un país todavía mejor — Santos

"Le dije que la paz ya vuela sola", manifestó Santos durante una rueda de prensa en el aeropuerto Rafael Núñez de Cartagena.

Previamente Santos y Francisco mantuvieron un encuentro privado en una sala del aeropuerto y el papa recibió honores militares como jefe de Estado de la Ciudad del Vaticano.

El papa Francisco se despidió hoy de Colombia, tras una visita de cinco días, con un llamamiento para que entre los colombianos haya abrazos de paz y el fin de la violencia.

Alrededor de Cartagena, una ciudad de un millón de habitantes, cientos de miles -muchos desplazados por el violento conflicto de Colombia- viven en improvisadas casas de madera en barrios bajos con alcantarillas abiertas y sin agua potable. Han sido días intensos y hermosos en los que he podido encontrar a tantas personas, y conocer tantas realidades que me han tocado el corazón.

"Hermanos, la Iglesia no es un puesto de aduanas", dijo Francisco.

Un accidente que pareció un "puñetazo", la monja rapera que no le pudo cantar al papa y otro mensaje a Venezuela desde Cartagena sellaron la última jornada de Francisco en Colombia.

Desde la madrugada, vecinos y visitantes empezaron a situarse en los alrededores de la iglesia de San Francisco de Asís, a la que el obispo de Roma se dirigirá tan pronto aterrice en esta ciudad.

Poco después se le brindó atención médica en la casa de una mujer del barrio de San Francisco, uno de los más marginados de Cartagena.

Lugo, uno de los más de 300.000 venezolanos radicados en Colombia, muchos huyendo de la situación de su país, aseguró que la crisis la "tienen que resolver los políticos". No fue un derechazo del púgil colombiano Antonio Cervantes "Kid Pambelé" ni un altercado con un fiel.

A su llegada, Francisco visitará el humilde barrio de San Francisco, donde bendecirá un refugio para las niñas afrocolombianas en riesgo vulnerables a la prostitución infantil, las drogas y la violencia.

Uno de los agentes de seguridad del Vaticano asistió al jerarca y le limpió la sangre y el sudor con un pañuelo blanco. El recorrido nunca se detuvo.

  • Leon Brazil


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